Respecto de “Los niños perdonados de Hitler”

Señor director:

En el número 2270 de Proceso se publica el artículo “Los niños perdonados de Hitler”. El texto merece algunos comentarios:

1) Su mensaje implícito puede resumirse como: las víctimas principales del nazismo fueron alemanas. Esta perspectiva carece en lo absoluto de veracidad histórica, seriedad científica y responsabilidad política. 

2) El texto está dedicado a la historia de dos alemanes que quedaron ciegos por las terribles operaciones militares de los aliados antifascistas y a los jóvenes alemanes enviados a la guerra como “ayudantes antiaéreos”; ni una palabra sobre los 20 millones de soldados del Ejército Rojo que dieron su vida para liberar Europa del nacionalsocialismo, ni sobre los 400 mil soldados de Estados Unidos caídos.

3) Mucho menos se mencionan los 6 millones de judíos y medio millón de gitanos, y cientos de miles de muertos de los otros grupos perseguidos (comunistas, homosexuales, personas consideradas “sin valor”) dentro del programa de eutanasia nacionalsocialista.

4) También se olvida que, sólo en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial fueron asesinados 250 mil presos de los 40 mil campos del sistema concentrario nacionalsocialista. Para evitar que los aliados encontraran pruebas, los SS sacaron la mayor parte de estos presos de los campos, en las “marchas de la muerte”, obligándolos a caminar sin parar, matando un cuarto de millón de presos, cuyos cuerpos quedaron dispersos a lo largo de cientos de kilómetros.

5) Olvida también que el avance del Ejército Rojo, así como las bombas de la aviación estadunidense y británica –que describe el texto con mucha empatía para el germano colectivo agresor–, era la única esperanza para los grupos perseguidos, y también para los alemanes o austriacos antifascistas. Al carecer Alemania y Austria de una resistencia considerable, la única perspectiva liberadora era una contundente intervención militar aliada.

6) Además olvida o desconoce que el envío de los adolescentes alemanes y austriacos contaba, en la mayoría de los casos, con el beneplácito o silencio cómodo de sus padres. Contrario al mito de que todos eran víctimas, al ya no ajustarse la legalidad a la práctica, sí era posible presionar a los funcionarios responsables para que regresaran a sus hijos enviados a la guerra.

Tal fue el caso de un adolescente del Tirol, quien ya era “ayudante antiaéreo” en la Francia ocupada, cuando su padre, un licenciado en derecho que menospreciaba a Hitler, formuló una carta de protesta, que su esposa no dudaba en compartir con madres y padres de adolescentes enviados en el mismo grupo. Se entregó esta carta multifirmada a los responsables de tal “envío”, con la consecuencia de que todos los adolescentes del grupo fueron devueltos poco después a sus casas y sus escuelas, incluyendo el mencionado adolescente. Sus padres eran mis abuelos y él era mi padre.

(Carta resumida por razones de espacio)

Atentamente,

Doctor Stefan Gandler

Respuesta de la corresponsal

Señor director:

E

n referencia a las consideraciones hechas por el doctor Stefan Gandler, me permito comentar lo siguiente:

Desde hace años Proceso ha documentado y reportado sobre los millones de víctimas que la despiadada dictadura nazi dejó y que, atinadamente, Gandler menciona.

Así lo hicimos, por sólo mencionar algunos ejemplos, en Proceso 1891 con una investigación sobre los mexicanos en campos de concentración y la historia del “Holocausto olvidado”, el de los gitanos. También en los números 1943 y 2027 reportamos sobre el sufrimiento y drama vivido por los judíos en “Holocausto: los siete milagros de Kaufering” y “Esther Bejarano, vida después de Auschwitz”, respectivamente. Mucho más reciente, en otro texto también de mi autoría (Proceso 2256), presentamos la historia de “La rebelión gitana en Auschwitz”. 

Si en el texto aludido por Gandler no hay referencia a las víctimas sobre las cuales ya hemos informado y rememorado ampliamente, es justamente porque en esta ocasión el tema fue la denominada generación Flakhelfer, ese grupo de niños-adolescentes alemanes que fueron enviados por Hitler a la guerra durante la última etapa de ésta. 

Atentamente,

Yetlaneci Alcaraz