Expulsados por la pobreza

El investigador Alejandro Macías señala que entre 2010 y el año pasado se consolidó una tendencia a despoblar comunidades enteras que inició en la década anterior. Sin embargo, la principal causa cambió: ya no es la inseguridad lo que ahuyenta a los jaliscienses, sino la pobreza extrema, la falta de empleo y la consecuente marginación social.

Entre 2010 y 2015 al menos 31 municipios jaliscienses registraron un decremento notorio de su población por la falta de empleo de calidad y la inseguridad que se padece sobre todo en la zona rural, lo que se traduce en más pobreza.

Alejandro Macías Macías, académico del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara, indica que, según la nueva división de la entidad en regiones, seis de esos municipios están en la región Norte, otras seis en la Sierra de Amula, cinco en la región Sureste, cuatro en la Sierra Occidental, dos en la región Sur, otras dos en Altos Sur, dos en la región Lagunas, dos en la región Centro, uno en la Ciénega y otra en la Costa Sur.

El experto en desarrollo regional dice que también disminuyó el crecimiento de la población de Guadalajara, pero explica que se debe a la expansión de toda la zona metropolitana. “Donde más se está presentando la tendencia a la conformación de pueblos fantasma es en la región Norte de Jalisco, el Sur-Sureste, en la Sierra de Amula y en la Sierra Occidental”, es decir, donde también se encuentra la mayoría de los municipios “con mayores niveles de marginación, pobreza o inseguridad”.

En el portal de internet del sistema de Monitoreo de Indicadores de Desarrollo del Estado (MIDE) se registra que en Mezquitic 40% de la población vive en pobreza extrema, en Bolaños 28.8%, en Chimaltitán 24% y en Jilotlán de Dolores más de 25%.

Cuautitlán de García Barragán, municipio donde la pobreza golpea a 26% de los pobladores, tiene la segunda comunidad indígena más grande del estado. El 31 de agosto de 2014 el diario La Jornada publicó que el primer día de ese mes una célula de narcotraficantes secuestró y desapareció a media docena de pobladores, para después expulsar a 20 familias del poblado Rincón de Manantlán.

En Santa María del Oro, municipio limítrofe con Michoacán y constantemente asediado por las bandas del narcotráfico, la pobreza extrema afecta a 28% de sus pobladores.

En cuanto a la carencia alimentaria, el gobierno de Jalisco reconoce a través del sistema MIDE que en Mezquitic ese fenómeno afecta a 57% de los habitantes; en Bolaños es 46%, en Chimaltitán a 43% y en Santa María del Oro a 41%.

En julio de 2012 este último fue escenario de un enfrentamiento a balazos entre la Policía Estatal y presuntos narcos, en el cual murieron cuatro sospechosos y se aseguraron varios vehículos, así como un arsenal, según informó el entonces secretario de Seguridad, Luis Carlos Nájera.

En Cuautitlán de García Barragán la carencia alimentaria afecta a 39% de la población; en Hostotipaquillo, Chiquilistlán y Atemajac de Brizuela el índice es de 32%, mientras que Zacoalco de Torres reporta 31%, así como de 29% en Zapotitlán de Vadillo y Villa Purificación, donde el Cártel de Jalisco Nueva Generación derribó un helicóptero militar el 1 de mayo de 2015.

La insuficiencia de alimentos hace estragos también en municipios de la zona metropolitana, como San Pedro Tlaquepaque, donde enfrenta ese problema 17% de la población. En los últimos años se han registrado ahí crímenes como el secuestro y asesinato del diputado federal del PRI Gabriel Gómez Michel en septiembre de 2014, la ejecución del director operativo de la Policía Municipal, Javier Alejo Rodríguez, y dos escoltas el pasado 24 de febrero, y el asesinato de un hombre y la mutilación de seis personas en octubre.

Asimismo se registra que 21% de la población de El Salto, otra demarcación asolada por la violencia, es afectada por la carencia alimentaria. Lo propio sucede con 14% de los habitantes de Tonalá, con 9.34% de los de Guadalajara, 8.76% de Tlajomulco y 8.49% de Zapopan.

Marginación

Macías señala en entrevista que la disminución de la población no es coyuntural, pues la mayoría de esos municipios también había mostrado ese comportamiento entre 2000 y 2010.

“Los seis municipios del norte con tasas negativas tienen problemas de despoblamiento desde 1960, aunque se ha intensificado. Por ejemplo, en Santa María de los Ángeles había 6 mil 829 habitantes en 1950, y en 2015 sólo tiene 3 mil 726”, es decir, perdió cerca de 50%.

Una situación parecida enfrentan en la región Sur-Sureste municipios como Santa María del Oro, Manzanilla de la Paz y Quitupán, “aunque si recorremos la situación de 1990 a la fecha, también hay que agregar a Valle de Juárez, Pihuamo y Tecalitlán”, es decir, los límites entre Jalisco y Michoacán, con altos niveles de marginación y escenario de constantes enfrentamientos entre fuerzas federales o las autodefensas contra bandas delictivas.

La población también se ha reducido en la Sierra de Amula, sobre todo en los municipios de Ayutla, Cuautla, Ejutla, Juchitán, El Limón, Tenamaxtlán, Tonaya y Tuxcacuesco, mientras que en la Sierra Occidental sucede lo mismo en Atenguillo y Guachinango.

Otros municipios con pérdida de población de 1990 a la fecha en otras regiones son Mexticacán, Cañadas de Obregón, Teocuitatlán de Corona, Ixtlahuacán del Río y San Cristóbal de la Barranca.

Macías destaca: “Yo he estudiado más al sur de Jalisco y puedo mencionar varias pequeñas localidades donde prácticamente viven sólo ancianos y niños. Un ejemplo es la comunidad de El Rodeo, municipio de Gómez Farías”.

El reverendo Dagoberto Cirilo, impulsor de proyectos de asistencia alimentaria y defensoría de los derechos humanos en la sierra huichol, dice que el despoblamiento de comunidades es cíclico en la zona Norte.

Aclara que se da cuando los jornaleros bajan de la sierra para emplearse en las cosechas o vender sus artesanías en Nayarit y la costa norte de Jalisco.

Al respecto, maestros de telesecundarias rurales en los límites con Michoacán indican que hace dos o tres años algunas poblaciones de Jilotlán de Dolores o y Tecalitlán tendían a quedarse semivacías por la falta de trabajo y la presencia del crimen organizado, pero señalan que, a raíz de la aparición de grupos de autodefensa en varios pueblos de Michoacán e incluso de Jalisco, las cosas empezaron a cambiar.

Uno de esos profesores comenta que hay telesecundarias en riesgo de cerrar y que sus estudiantes sean atendidos por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), por la fuerte “reducción de la matrícula”.

Cita que en El Terrero, en Jilotlán de Dolores, la telesecundaria está hecha de láminas y “el calor es tan intenso que obliga a los alumnos a llevar su ventilador”, pero debido a la disminución poblacional ya existen pocas posibilidades de que se construya con materiales adecuados.

Otro profesor comenta que en Jilotlán ­de los Dolores hay al menos dos telesecundarias que “estaban programadas para cerrarse y convertirse en secundarias de Conafe, pero gracias a que los padres de familia se comunicaron con el secretario de Educación, Francisco Ayón López”, esa medida se canceló y sólo se retiró a un profesor.

Señala que varias comunidades empiezan a quedarse solas porque los hombres se fueron en busca de trabajo, pero añade que en los últimos años también las mujeres se van a Estados Unidos a pedir lo que llaman “asilo”.

“Desde hace más de dos años (la causa de la migración) ya no es tanto la inseguridad, como antes, sino la pobreza… ya no hay empleo en la cosecha de limón o en el corte de papaya y por eso muchas personas se tienen que ir”, dice.

Macías asegura que en muchos de los pueblos, si bien les va a las familias, deben subsistir con un promedio de poco más de 200 pesos diarios.

De los más de 7 millones de habitantes del estado, enfatiza, aproximadamente 3 millones sobreviven en la pobreza y la regionalización impulsada en la entidad en la década de los noventa no ha revertido la marginación de los municipios mencionados.

Ante la gravedad del problema, señala, urge que se promuevan reformas legales para garantizar que la población de todas las regiones cuente con un “mínimo vital” de recursos para subsistir.