Madre e hijas disputan plaza de ambulantes en el Centro Histórico

La trifulca en la plaza de ambulantes del Centro Histórico.
Foto: Sara Pantoja

MÉXICO, D.F. (apro).- “Yo soy la líder. Y ellas sí son mis hijas… pero son unas hijas de la chingada. Vamos a ver a Serrano y a Romero para que esto se arregle”, afirmó Teresa López Salas, una de las dirigentes de comerciantes ambulantes más influyentes en el Centro Histórico.

Así, gritando, temblorosa y rodeada de guaruras de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y el Cuerpo de Guardias Valle Cuautitlán del Estado de México, esta mañana López Salas llegó a la plaza comercial ubicada en la calle República de Uruguay 26, en la colonia Centro.

–“Relájese linda. Yo soy la comandanta y aquí se va a arreglar este asunto”, dijo una mujer rubia con placa de la Policía de Investigación (PDI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), que se negó a identificarse con nombre y cargo.

–“Yo soy la presidenta de la asociación. Mi madre no es la representante y por eso vengo a reclamar que me devuelva la plaza. Aquí traigo los documentos que lo comprueban”, respondió Teresa Jiménez López, hija de Teresa López.

La discusión a gritos y uno que otro empujón seguía, mientras unos 100 jóvenes identificados con una calcomanía rosa pegada en el pecho bajaban las cortinas metálicas de la plaza que alberga 40 locales de comida, accesorios telefónicos, aparatos electrónicos, ropa, lentes y juguetes, y da empleo a unas 120 personas.

Como eran las 10 de la mañana, aún no había muchos clientes en la plaza. Pero estaban los empleados que hacían la limpieza y preparaban los alimentos para la vendimia del día.

Los sujetos, en su mayoría jóvenes y algunos con fierros escondidos entre la ropa, iban “en apoyo” de Teresa, Macrina, Raquel, Santa y Santos Arturo Jiménez López, hijos de la lideresa, quienes reclaman la administración de la plaza.

En el documento que llevaron el pasado viernes 26 a la Secretaría de Gobierno, encabezada por Héctor Serrano; al Fideicomiso Centro Histórico, dirigido por Inti Muñoz, y a la delegación Cuauhtémoc, gobernada por Jimena Martín del Campo Porras –del que Apro tiene copia–, anunciaron la movilización:

“De acuerdo al acta administrativa de entrega-recepción del inmueble antes mencionado el día 30 de julio de 2008 y al permiso administrativo temporal revocable (P.A.R.T.) a título oneroso, acuerdo emitido por el Comité del Patrimonio Inmobiliario en su sexta sesión extraordinaria (6-E/2008) en fecha 3 de abril de 2008 –en el contexto de la reubicación de los ambulantes del perímetro A del centro Histórico–, la asociación Teresa López Salas y su presidenta Teresa Jiménez López, tenemos la facultad y la Administración del inmueble para hacer y adecuar lo que es correcto para el mejor desempeño de la plaza y de los compañeros comerciantes”.

Con copia marcada al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y al coordinador general y enlace de Reordenamiento de Vía Publica del Centro Histórico, Jesús Alberto Romero Cárdenas, los Jiménez López informaron a las autoridades que cerrarían la plaza del 30 de junio al 2 de julio.

El propósito: “Darle certeza y certidumbre a los compañeros comerciantes laboralmente hablando y reordenar espacios, pasillos, giros comerciales y áreas que deben de estar libres de acuerdo a las normas básicas de Protección Civil”.

Una explicación similar se leyó en las cartulinas que los inconformes pegaron en las entradas de la plaza. Ahí donde dijeron que se quedarían a custodiar hasta que llegara alguien del gobierno capitalino a solucionar el asunto.

Así, los Jiménez López pusieron fin aparentemente a lo que llaman “despojo”, que su madre y su hermana Lilia Margarita les aplicaron desde hace al menos dos años, cuando los expulsaron de la plaza. Desde entonces, los problemas arreciaron.

La disputa familiar

El poder de Teresa López Salas en el comercio ambulante en el centro de la ciudad se remonta más de 30 años atrás. En sus inicios tuvo el apoyo del PRI, y cuando el PRD llegó al poder en el DF, se arropó con el perredismo.

Macrina, su hija mayor, recuerda: “Desde que tenía ocho años mi madre me daba mi mercancía, dinero para mi pasaje y órale, váyase a vender”.

Décadas después, en marzo pasado, la mujer de 73 años aplicó una medida más fuerte para su hija: la acusó de robo y extorsión y la envió al Reclusorio de Santa Martha Acatitla.

“Ella pagó para que gente fuera a atestiguar en mi contra, pero como la acusación no se sostuvo, salí libre. Sólo estuve 10 días ahí. Mi propia madre me envió a la cárcel”.

Y no es todo: “Ella le paga 15 mil pesos a los golpeadores para que nos agredan. Tiene grupos de choque. A mi hijo de 16 años lo tiene demandado por supuesto robo. Nos atosiga y amenaza”.

Las hijas Macrina, Raquel y Teresa acusan que su hermana Lilia Margarita tiene “dopada” a su madre. “Como estudió Herbolaria en la Universidad de Chapingo, quién sabe qué hierbas le da. Desde entonces mi mamá ha cambiado con nosotras. Lilia le lava el cerebro, la manipula en nuestra contra. Está enferma de poder”. Por eso, dicen, las expulsaron de la plaza.

Antes de las elecciones internas del 7 de junio, los inconformes hicieron un plantón frente al llamado “bunker” de la PGJDF para exigir que la autoridad atendiera las denuncias por despojo interpuestas contra Teresa López Salas.

“No les dan entrada, parece que están protegiendo a mi mamá, ¿y nosotros qué?”, pregunta Macrina.

Después de la jornada electoral los hermanos tuvieron una reunión en la Secretaría de Gobierno. Y esta mañana decidieron “tomar posesión” de la plaza.

Apro buscó la posición de Teresa López y Lilia Jiménez, pero ambas se retiraron en patrullas de la SSC, pues dijeron que irían a la delegación Cuauhtémoc a levantar una denuncia por despojo contra sus familiares.

Mientras, sin deber nada, decenas de empleados de la plaza se quedaron sin explicación alguna y con la preocupación de un día de venta perdido.

“Se nos va a echar a perder la comida, ni siquiera nos dieron chance de meterla al refrigerador”, dijo un hombre de edad avanzada que se quedó de brazos cruzados viendo hacia la plaza cerrada.

“Nosotros no tenemos nada qué ver. Son pleitos de ellos, pero mire, ya nos chingaron”, lamentó.