“La verdad sospechosa”: 80 años de Bellas Artes

La verdad sospechosa

MÉXICO D.F. (apro).- Sin duda la comedia moralista de enredos más célebre de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco 1580 o 1581-Madrid 1639) es La verdad sospechosa (escrita entre 1618 y 1621, dedicada al rey Felipe III), texto que en sí mismo es una de las grandes obras maestras del teatro en español.

Pero verla en escena interpretada por la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España resulta toda una experiencia, como sucedió durante las presentaciones en el Palacio de Bellas Artes, donde ofreció tres funciones como parte de la programación celebratoria de los 80 años de este recinto, bajo la dirección de Helena Pimienta.
Obra de madurez del más importante dramaturgo novohispano del Siglo de Oro, destaca entre otras cosas por la gran definición de los caracteres, algo poco usual en la época, así como por la crítica a los vicios sociales y la frivolidad de las clases altas.

Enredo amoroso y didactismo –como señala Helena Pimineta– son dos ingredientes fundamentales de esta comedia seria, articulada en torno a la figura de su protagonista, el mentiroso don García, magistralmente interpretado por Rafa Castrejón.

La desbordante imaginación de este personaje lo lleva a creerse las fábulas que él mismo construye, y la no menos falsa, aunque no tan llamativa, actitud de los que le rodean, dotan a la obra de una atmósfera imprevisible que se mueve en un presente continuo, en el que se hace difícil distinguir la verdad.

“La mentira siempre tiene sus razones y, más allá de lo que llamamos mentiras piadosas, su objetivo es siempre sacar ventaja. Nos divierte y hasta nos enternece este trapacero, nos hacen reír o sonreír los sucesivos errores de interpretación y equivocaciones, nos hace reflexionar sobre el mundo ilusorio en el que viven los personajes de esta comedia irónica llena de hondura, tan alejado de la verdad y, por tanto, de la libertad”, agrega Helena Pimienta respecto al trasfondo del texto de Ruiz de Alarcón.

Pocos podrían pensar que mentir puede resultar tan divertido, claro, siempre y cuando se juegue el papel de espectador voyerista que disfruta de los enredos resultados de las mentiras en cuestión, y más aún cuando el mentiroso termina siendo víctima de sus embustes.

Esa es una de las grandes virtudes del texto de Juan Ruiz de Alarcón, magnificado con la elegante propuesta de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España, que hace honor a su embestidura con un elenco de primer nivel y una dirección impecable que, sin embargo, tuvo que lidiar con el reto que implica para cualquier actor llenar con su voz el espacio del Palacio de Bellas Artes.

Desafortunadamente no todos los histriones lo lograron con la calidad de entrenamiento vocal que un espacio de estas características requiere. En este rubro sobresale el trabajo de Joaquín Notario en el papel de don Beltrán y el propio Rafa Castrejón como don García.

La escenografía es de Alejandro Andújar, la dramaturgia de Ignacio García May, el vestuario de Carmen Mancebo, la iluminación de Juan Gómez Cornejo, la selección y adaptación musical de Ignacio García, la coreografía de Nuria Castrejón y la asesoría en verso de Vicente fuentes.