Los últimos 18 días de Gabriel García Márquez

Flores en la entrada del domicilio de García Márquez, en el Pedregal.
Foto: Xinhua / Pedro Mera

MÉXICO, D.F. (apro).- El pasado 3 de abril todos los medios nacionales e internacionales dieron cuenta de la hospitalización del escritor Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, en el Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán”.

Desde ese momento la información respecto a la salud del escritor colombiano fue hermética en lo absoluto hasta el día de su muerte, acaecida 14 días después, el Jueves Santo, alrededor de las 14 horas en su casa del sur de esta ciudad.

Ese mismo día se detalló en un comunicado de la Secretaría de Salud que en realidad había ingresado el 31 de marzo por un cuadro de deshidratación, un proceso infeccioso pulmonar y de las vías urinarias:

“El paciente ha respondido al tratamiento. Una vez que complete sus antibióticos, se valorará su salida.”.

A partir de ahí, medios nacionales e internacionales hicieron guardia para estar al tanto de la salud del autor de Cien años de soledad y El coronel no tiene quien le escriba. A pesar de que la familia se empeñó en mantener discreción sobre el verdadero estado físico del escritor, la espera no duró mucho.

El 6 de marzo, día de su cumpleaños, García Márquez salió a las puertas de su domicilio para agradecer a la prensa que acudió a su casa para cantarle Las Mañanitas con motivo del 87 aniversario de su nacimiento.

Despierta, Gabo, despierta…

Ahí también se reunieron algunos admiradores que acudieron con libro en mano esperando el tan anhelado autógrafo, o la cámara para la foto del recuerdo.

El patriarca de la literatura colombiana salió ese día al portón de la entrada con una rosa amarilla de en la solapa de su saco, de buen humor, y acompañado por su asistente de años en México, Mónica Alonso. Fue justamente ella una de las primeras en dar el diagnóstico sobre la salud del escritor el 4 de abril a las afueras del INN, haciendo referencia al cuadro infeccioso en vías urinarias que se había mencionado antes.

“La familia prefirió extremar precauciones”, dijo insistiendo en que no había nada de gravedad en el padecimiento.

Durante los días posteriores a la hospitalización del escritor se vio a su esposa, Mercedes Barcha (La Gaba), a uno de sus hijos (Gonzalo García Barcha), y sus asistentes Genovevo Quiroz y a la propia Alonso salir y entrar al hospital sin dar mayores declaraciones excepto que “pronto saldría”, y que el escritor tenía buenos ánimos para hacerlo.

Así transcurrieron los días desde el 4 al 8 de abril con las mismas expectativas de que pronto estaría en su casa mexicana de vuelta; que la infección estaba cediendo, y que el escritor no quería otra cosa que irse al hogar.

Finalmente, sucedió que el 9 de abril García Márquez fue trasladado en una ambulancia de regreso, alrededor de las 15:40 horas, llegando en poco menos de una hora a su domicilio, donde fue colocada una manta blanca en la entrada para que los medios no fotografiaran el momento en que García Márquez descendía de la ambulancia.

La nota del siguiente día a nivel internacional se dio en el sentido de la muerte del hermano del narrador, Gustavo García Márquez quien falleció a los 78 años de edad en Bogotá, capital de Colombia.

El hermano Jaime

Desde que el escritor llegó a su domicilio el 9 de abril se dio por sentado que había una mejoría de salud, aunque ya se especulaba sobre el preocupante estado del escritor, quien en 1999 había tenido y superado cáncer linfático.

En 2012, su hermano Jaime García Márquez, director (hasta la fecha) de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) –creado por el autor de El amor en los tiempos del cólera en 1994 en Cartagena de Indias–, dijo que Gabito –como siempre se refería sobre el escritor– padecía “demencia senil” durante un encuentro en las expediciones de la Ruta Quetzal BBVA en el Museo de la Inquisición de Cartagena, Colombia. Ahí expresó:

“Desde el punto de vista físico está bien, aunque ya tiene algunos conflictos de memoria. En la familia todos sufrimos de demencia senil, y él ya tiene los estragos que se le adelantaron debido al cáncer que le puso en una situación casi de muerte. La quimioterapia le salvo la vida, pero también acabó con muchas neuronas, muchas defensas, y células y se le aceleró el proceso.”

Aunque refirió que pese a eso, todavía se podía hablar con el escritor “con mucha alegría y entusiasmo, como siempre ha sido: lleno de buen humor”.

Ahí Jaime García Márquez reconoció que el estado de salud de su hermano siempre era noticia y que por eso se mantenía “un poco tras bambalinas”.

“El hecho real es que hay muchos comentarios, que algunos son ciertos, pero que siempre están llenos de morbo. A veces da la sensación de que quisieran que se muriera, como si la muerte de él fuera una gran noticia”, comentó en 2012.

Y remató que su hermano no estaría en condiciones de escribir la segunda parte de su biografía Vivir para contarla, “ni ninguna obra, desgraciadamente creo que no va a ser posible, ojalá esté equivocado”, indicó.

Malas noticias

No fue sino hasta el lunes 14 de abril que el periódico El Universal reportó en su edición impresa: “Da Gabo nueva batalla contra el cáncer”, nota sustentada por “fuente confiables”, en donde decía que el Nobel de Literatura era atendido en su casa mediante cuidados paliativos, con salud delicada, y pronósticos nada favorables “ya que la enfermedad había invadido pulmón, ganglios e hígado”.

La noticia tuvo réplica internacional inmediata, tanto así que el presidente colombiano Juan Manuel Santos salió a desmentir el miércoles 16 de abril que el escritor tuviera cáncer, y que sólo tenía una neumonía de la que estaba recuperándose.

“No es cierto lo que publicó un diario mexicano, que le había revivido el cáncer y que estaba invadido de cáncer, eso no es cierto”, refirió el mandatario.

Al día siguiente, el jueves 17 de abril, Jueves Santo, la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez llegó en un “twitt” de la periodista Fernanda Familiar a través de la cuenta @qtf, primero sin aclarar, y luego… un segundo y otro más, el tercero con “aval” de los García Barcha:

“Momentos en familia y oleaje de abrazos, para siempre unidos. Instantes eternos de amor, amistad y certeza. Trascendemos Juntos. Fernanda F.”. Luego: “Deja de latir el corazón de Gabriel García Márquez”. Y finalmente:

“Muere Gabriel García Márquez. Mercedes y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo, me autorizan dar la información. ¡Qué tristeza tan profunda…!”

Siguieron otros mensajes más en el sentido de la muerte del escritor. A partir de ahí, medios mundiales asistieron a la casa de los García Barcha en el Pedregal, donde a lo largo de ese día se juntaron casi 400 periodistas.

Sin mayor información de la familia ni comunicados al respecto, el cuerpo de García Márquez salió alrededor de las 17 horas en una carroza escoltada por patrullas y motos policiales y de fotoreporteros, rumbo a la Funeraria J. García Lorca matriz Casa Pedregal, funeraria que por cierto cayó en controversia en Twitter a las 19:58 horas al publicar un mensaje que decía:

“Tenemos el enorme honor de recibir el cuerpo de Gabriel García Márquez en nuestra sucursal de Casa Pedergal. #DescansaEnPazGabo.”

Eso fue suficiente para hacer molestar a diversos miembros de cuentas y expresar su enojo ante la falta de seriedad de ese establecimiento, pidiéndoles no “promocionarse” ante tal actitud, y no les quedó de otra que enviar un mensaje de disculpa.

Alrededor de las 22 horas de ese día, pocos medios aguardaban afuera de la casa de los García Barcha en espera de información de la familia, que finalmente llegó a través de Maria Cristina García Cepeda, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes, quien salió para decir que el cuerpo del escritor sería incinerado de forma privada, y que no habría más noticias hasta el lunes 21 de abril en el homenaje nacional que se rendiría en el Palacio de Bellas Artes a las 16 horas.

Y si bien el desenlace fue funesto, para sus admiradores y amigos hiaspanoamericanos “la obra de Gabo jamás morirá”.