Snowden y Navalny exhiben las contradicciones de Putin

El presidente ruso, Vladimir Putin, observa una serie de ejercicios militares en la isla Sakhalin.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- Dos hechos políticos de signo opuesto han ocupado los titulares de la prensa sobre Rusia: la presencia, desde el 23 de junio, del exfuncionario de la CIA Edward Snowden en la zona de tránsito del aeropuerto de Sheremetievo de Moscú —hasta que el gobierno de Vladimir Putin decida sobre su solicitud de asilo— y la condena a cinco años de prisión, el jueves 18, de Alexey Navalny, el dirigente opositor conocido por sus denuncias de corrupción y candidato a la alcaldía de Moscú.

Ante la inesperada llegada de Snowden, el presidente Putin intenta un delicado equilibrio: no dañar las relaciones con Washington y, al mismo tiempo,  no aparecer débil frente a él. Y ello ocurre en el mismo momento en que el Estado ruso condena a Navalny, utilizando conversaciones grabadas por el Servicio Federal de Seguridad (FSB), sucesor de la famosa KGB soviética.

 

Juicio a Navalny

 

El jueves 18 se conoció la condena a cinco años de prisión efectiva contra Navalny, pero tras las protestas callejeras que estallaron ese mismo día fue dejado en libertad hasta que se resuelva la apelación del caso.

Navalny fue acusado de organizar el robo de madera de la empresa estatal Kirovles de la región de Kirov, que causó un perjuicio estimado en 490 mil dólares, cuando era asesor de la gobernación en el año 2010. La Fiscalía se basó en la confesión de Viacheslav Opalev, director de la empresa, quien en su momento había sido despedido por las denuncias del dirigente opositor.

Navalny se hizo famoso con su blog, en el cual denunció hechos de corrupción en las principales empresas estatales de Rusia, y luego se convirtió en uno de los principales organizadores de las marchas de oposición masivas que tuvieron lugar durante la campaña electoral que llevó a Putin de nuevo la presidencia en marzo de 2012.

En el juicio, una de las piezas de la acusación fue la grabación de una conversación entre Navalny y el canciller sueco Carl Bildt, que fue luego subida a internet. La conversación tuvo lugar un año antes en un hotel de Moscú durante una conferencia, mientras tomaban café.

Ludmila Alekseyeva, que encabeza el Grupo Helsinki de Moscú, una de las más prominentes organizaciones de derechos humanos en Rusia, dijo a Proceso en conversación telefónica que “se trata de un juicio falsificado contra un dirigente de la oposición que no hace lo que quiere Putin”.

Lev Gudkov, director del Centro Levada, comentó desde su oficina en la capital rusa que la condena era esperada. “Como Navalny era uno de los más visibles líderes contra la corrupción, le armaron este juicio. Contra él hay una campaña política de descrédito por televisión y los medios oficiales, que es muy efectiva en las provincias donde no hay internet. Por el contrario, la gente más informada no cree en los argumentos de la justicia y piensa que esto es una medida represiva”.

La sentencia contra Navalny es parte de una serie de medidas que se han tomado en el último año para controlar a la oposición y a los distintos medios de comunicación. Por una ley de 2012, todas las organizaciones no gubernamentales deben registrarse como “agencias extranjeras” si reciben financiamiento del exterior y realizan actividades consideradas políticas.

Desde mayo, el Estado inició una serie de allanamientos e inspecciones contra cientos de organizaciones para obligarlas a registrarse. De acuerdo con Human Rights Watch, en los últimos cuatro meses por lo menos 62 ONG, cuyas actividades incluyen desde la defensa del medio ambiente o la lucha contra la discriminación hasta los derechos humanos, han recibido la advertencia de que si no se registran serán sancionadas.

Prestigiosas organizaciones como Memorial, fundada durante los años 80 en la época de la glasnost de Mijail Gorbachov, cuyo objetivo es restablecer la verdad y la justicia en el caso de las víctimas del estalinismo, deberían anotarse como “agencias extranjeras”.

Según Gudkov, por ahora la ley no se ha podido aplicar ya que ninguna organización ha querido registrarse bajo esa denominación.

 

El planeta sin visado

 

La travesía sin destino de Snowden, quien reveló las intercepciones telefónicas y de internet a gobiernos extranjeros y a millones de personas por parte de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés), ilustra hasta qué grado personajes como él o Julian Assange, quien reveló secretos de estado en Wikileaks, pueden ser más peligrosos para los servicios de inteligencia que los más temidos terroristas.

Todos los países europeos, donde reinan estables democracias, negaron asilo al estadounidense que reveló el espionaje contra sus propios gobiernos, dejando a Rusia en una situación sin alternativa. Si bien Putin señaló que no va a permitir que el caso de Snowden dañe las relaciones con Estados Unidos, al mismo tiempo demostró que es uno de los pocos países en el mundo que se le puede oponer.

Por eso, mientras que acoge, en los hechos, a Snowden, el presidente ruso le exigió suspender sus actividades contra Estados Unidos como condición para otorgarle asilo.

“Snowden no es de ninguna manera un héroe para Putin, que probablemente lo considera un traidor”, escribió el analista George Boyt el miércoles 17 en The Moscow Times. Y agregó: “Es probable que a Washington le convenga mantener al impredecible Snowden en Rusia, donde las autoridades pueden garantizar que no divulgue más información”.

A pesar de las intenciones de Putin, la sola presencia de Snowden en Moscú promete ser un dolor de cabeza para el Kremlin y la Casa Blanca, a pocas semanas de la visita oficial del presidente Barack Obama a San Petersburgo con ocasión de la Cumbre del G20, programada para  septiembre próximo.

 

El Kremlin es todo oídos

 

Es paradójico que mientras el gobierno ruso discute el asilo a Snowden ejerza un control cada vez más amplio sobre las comunicaciones telefónicas y de internet, continuando la tendencia mundial.

Andrei Soldatov, especialista en temas de seguridad, y autor del libro sobre la KGB La Nueva Nobleza, dijo a Apro desde Moscú que, según cifras de la Corte Suprema de Justicia de Rusia, el número de interceptaciones telefónicas casi se ha duplicado entre 2011 y 2012, pasando de 265 mil 937 a 466 mil 152.

En un artículo publicado en Ezhednievni Zhurnal el pasado 18 de junio, Soldatov explicó que en Estados Unidos las agencias de seguridad deben recibir una orden judicial para realizar una escucha telefónica o interceptar un correo electrónico, enviar la orden al proveedor de internet o del servicio telefónico y luego informar a los organismos respectivos.

En Rusia también se requiere la orden judicial, pero una vez obtenida, los resultados sólo se presentan ante la FSB, que además tiene centros de control directamente conectados por cables a los servicios de computación de los operadores telefónicos o de internet, de manera que para monitorear una comunicación, el agente de la FSB sólo tiene que activar un comando desde su oficina.

“El sistema, conocido como Sistema de Apoyo para el Cumplimiento de la Ley (SORM), viene del pasado soviético y fue desarrollado por un instituto de investigaciones de la KGB a mediados de los años ochenta. Los recientes avances tecnológicos han refinado el sistema. El SORM-1 intercepta comunicaciones de teléfono y de celular, el SORM-2 intercepta tráfico de internet, y el SORM-3 recibe de todos los medios de comunicación, con todos los datos e información de los suscriptores”, dice Soldatov.

A diferencia del país anglosajón, en Rusia el sistema SORM se usa internamente para vigilar a los políticos de oposición, a los propios parlamentarios o a los directores de empresas estatales y privadas. Moscú no tiene la tecnología de avanzada para interceptar las comunicaciones globales como Washington, aunque los países exsoviéticos usan los mismos métodos de vigilancia de Rusia.

“En algunos años, las autoridades habrán logrado el sueño de los líderes soviéticos: un sistema unificado para interceptar comunicaciones en internet en casi todo el territorio de la antigua Unión Soviética”, concluye Soldatov.

 

Víctimas

 

El destino ha unido a Snowden y Navalny, dos víctimas de sus respectivos servicios de seguridad.

Para Soldatov, la contradicción de un gobierno que protege al fugitivo de la justicia estadunidense y al mismo tiempo mete en la cárcel a un prominente líder opositor, es algo perfectamente compatible con el estilo del Kremlin: “La señal de televisión oficial le da su espacio a los disidentes occidentales, pero le pide a los disidentes internos callar sus opiniones, por ejemplo, sobre el estado de vigilancia ruso. Los activistas de derechos humanos que plantean críticas a los organismos de seguridad de Estados Unidos o Gran Bretaña son más escuchados en los canales oficiales rusos que en sus propios países. Es un enfoque muy soviético. La diferencia con el pasado es que el actual enfoque es más efectivo”.